Hoy asistimos a un festín de opiniones de lo más descabelladas, el odio, miedo, resentimiento, ignorancia, racismo abunda, y desde todos los bandos, pero lo que no se puede aceptar bajo ningún argumento es la intolerancia, vivimos en un país multicultural, y nadie se debe considerar mejor que nadie, es un tema de respeto mutuo, de cumplir las reglas de la convivencia social, finalmente es un tema de educación y en este aspecto si debo decir que nos falta muchísimo camino por recorrer, no solo la educación formal que se imparte en las aulas, considero mucho más importante es el que recibimos en el hogar.
Intento buscar una explicación a esto y no la tengo, solo simples argumentos, será la mala formación de casa, las escaza formación en valores, resentimiento acumulado por la postergación, la educación misma, los malos patrones sociales que seguimos, me da miedo pensar que tenemos el alma podrida y como dicen los psicólogos, uno da lo que tiene, es decir expresas lo que tu alma te dicta, si esto es así, tenemos un problema grave que seguirá trasmitiéndose de generación en generación si no lo detenemos a tiempo.
El desarrollo de las sociedades no solo se deben medir por las cifras macroeconómicas o por la balanza comercial o por el nivel adquisitivo de la población, debemos ser mas consientes que el verdadero desarrollo de las sociedades debe pasar también por el nivel de entendimiento que tenemos entre nuestros congéneres, nivel de comunicación, el nivel de realización, la capacidad de resolver nuestras diferencias, nivel de tolerancia etc. sé que es demasiado pedir pero si tan solo entendiéramos estos conceptos, entonces asistiremos al despegue de una sociedad más realizada fuerte y madura de lo contrario de nada nos servirá el crecimiento macroeconómico, pues esta estará sobre bases sociales carcomidas por nuestras deficiencias arrastradas por generaciones.
Ante este panorama incierto ¿qué debemos hacer? Pues yo al menos intento seguir el ejemplo por casa, “cambia tú primero y el mundo cambiara”
Eddy